Republicana es la Virgen, republicano soy yo

 

Tarari pilar 1935 (10)

Octubre de 1935, vísperas de fiestas. Haciendo números los zaragozanos son unos 180.000, tres son los puentes sobre el Ebro, dos las torres del Pilar y una sola la escalera mecánica.(*)

El alcalde es López de Gera. Lo será hasta que su partido pierda las elecciones cuatro meses después. Tras otros cuatro meses regresará al cargo con el golpe militar, pero renunciará al poco, no sin sufrir las consecuencias del desplante.

Por esos días, en un pleno ordinario del Consistorio, Don Mariano Gratal como presidente de la junta del distrito de Delicias exige la inversión en aceras para su barrio. Por su parte el concejal Sr Funes reitera su preocupación por el estado de San Juan de los Panetes, cuyo futuro se estaba dilucidando en la Junta Provincial de Monumentos. El mismo caballero pregunta sobre la posibilidad de remunicipalizar algunas de las líneas de tranvías. De modo parecido la Comisión de Propios (casas u otros bienes propiedad de la ciudad) pone sobre el tapete el abandono en el que se halla el “Rincón de Goya”, que inapreciado e incomprendido sufre a causa de su aislamiento actos vandálicos; cristales rotos y allanamientos.

Sin dejar ese pleno, el concejal Laguna Azorín, responsable de las actuaciones del Ensanche, muestra su preocupación por que la empresa “Acumuladores Tudor” viéndose perjudicada por la reordenación opte por abandonar la ciudad si desde el Ayuntamiento no se le favorece. Casetas se ofrece como alternativa. La casualidad, que es una señora con malísima leche, quiso que el día 2 del mes corriente parte de la fábrica, conocida como La Pilar, ardiese. Con eso y todo la empresa no se mudó hasta diez años más tarde.

Todo esto sucedía en Zaragoza en tanto Mussolini invadía Abisisina y en Alemania se aprobaban las psicopáticas Leyes de Nuremberg. En otro orden, más dicharachero, por esos mismos días a 7. 000 kilómetros de aquí, en concreto en San Louis, se estrenaba “Una noche en la ópera”, de los Hermanos Marx, la de los “dos huevos duros”. Pero ojo, que en España también se estrenaban películas; “La hija de Juan Simón”, con Angelillo; «Ella se murió de pena y yo, que la causa he “sío”, sé que murió siendo buena».

Pero además de la de Simón la República Española tenía otras penas. Siendo presidida por Alcalá Zamora fue justo en este octubre cuando estalló el escándalo del estraperlo, en el que no sólo estaba implicado hasta las ligas el expresidente Lerroux sino también buena parte del Partido Radical, que en este punto inició su desplome forzando unas nuevas elecciones.

Nada nuevo por tanto.

En Zaragoza las fiestas del Pilar abarcarían desde el viernes 11 al domingo 20. El cartel con el que en esta ocasión fueron anunciadas homenajeaba a los timbaleros de Ayuntamiento, siendo obra de Pérez Bailo.

En cuanto a “Tararí”, hablamos de una revista frívola, palabra muy de la época con la que el DRAE adjetiva lo “insustancial y veleidoso”. Sin ánimo de replicar a la Real, la carencia de sustancia de esta revista no impidió el que su publicación se prolongase a lo largo de seis años, lo cual es mucho. Impresa alternando tinta azul y negra la dirigía un oscense de Binéfar, León Vidaller Roy, gurú del periodismo gráfico de cuyo magín salió una revista de tirada semanal cargada de erotismo y a la vez ambigua en sus contenidos. Lo mismo ponderaba la representación de “El otro” de Unamuno que a Celia Gámez en “Las Leandras”. Aparte de eso promocionaba a una serie de artistas, quienes se suscribían a cambio de ser elogiados en sus páginas.

Si en los tiempos anteriores en la varietés abundaban las miradas picardiosas y los dobles sentidos —”Tengo un jardín en mi casa que es la mar de rebonito, pero no hay quien me lo riegue y lo tengo muy sequito”— los nuevos y republicanos tiempos reclamaban explicitud. El fotógrafo Mendoza, en nómina en la revista, fue uno de los primeros de España especializados en desnudos en prensa. Los tomados por él hoy resultan ingenuos, difusos, casi angelicales, pero entonces producían síncopes tanto por admiración como por repulsa.

.Tarari pilar 1935 (3)
Volviendo a las fiestas, el ejemplar de “Tarari” dedicado a Zaragoza (a la venta sólo aquí) abría con una portada de Millán hecha a partir de una foto en la que aparece Pilarín Blanco, en la cumbre de su carrera y notable vocalista tanto del cabaret Lido de Madrid como del Excelsior de Barcelona. En su primera página la revista nos presenta a sus artifices, todos zaragozanos; Sala Velilla como redactor y los citados Millán y Pérez Bailo como ilustradores, siendo el fotógrafo Manuel Coyne.

Un poco más adelante Miguel de Molina se anuncia como estrella del Royal Concert. También en ese local actuará Fina Toven; rubia, castiza, flapper, hawaiana… Lo que hiciese falta. Es fotografiada por Coyne, quien a su vez retrata una a una al resto de las artistas del cabaret, habiéndolas modosas, poco modosas e inmodestas al 100%. Serán ellas quienes animarán el escenario del hoy Oasis, en la calle Boggiero. Lo cierto es que tras la guerra Coyne se las verá con otro tipo de modelos menos sugerentes.

El montaje con el que Guillermo felicita a la ciudad por sus fiestas conjunta a una estilosa señorita sin prenda alguna con símbolos tan patrios como la Puerta del Carmen y el Pilar. Sobre tamaña osadía Pérez Bailo procurará echar tierra en los años posteriores, cuando a fin de sobrevivir “baturrice” sus siempre bellos carteles. Pero no dista mucho la página en la que aparece por fin una imagen esperada, tópica y sin pecado concebida, la de unos baturros con el Pilar como telón, que no podía faltar hablándose de estas fechas. Mas ni por esas. El dúo jotero lo componen dos mujeres. Desconozco si la hermana travestida tañe en serio la bandurria. Nada importante porque las hermanas Iberia abarcaban muchos estilos, desde la jota al baile acrobático.

En la sección de publicidad es curioso comprobar que Sardaña, comercio que quien pase de los +40 ha llegado a conocer, se anunciaba en la calle de la Roda, que no sería bautizada como de Santa Isabel hasta la posguerra. Coyne atiende en Cinco de Marzo. Y en Independencia el “salón Doree” promete distinción. Se publicita igualmente la zapatería Casanova, en el Coso. Cinco años antes su fundador, Mariano Casanova, se había ahogado al caer con su coche en el molino de San Carlos, en Casablanca, turbio asunto que en su día intenté relatar aquí.

Mientras, el “Dancing La Jota”, en la calle San Lorenzo nº 8, ofrece los servicios de 30 bailarinas de “alquiler”, o así lo entiendo. El “dancing” debería por ende contar con un amplio salón, pero compruebo por un plano que se trataba de un edificio peqeño situado en el vértice del ángulo formado por la calle, entrando desde la plaza Nolasco.

Por lo demás nadie imaginaba lo efímero de aquel universo.

El Doré al poco dejó de ser Doré para ser Dorado y de viejo sufrir la humillación de verse convertido bingo. En cuanto al resto, ya en aquellos tiempos la Empresa Parra gestionaba el teatro Parisiana, mutado primero en el Argensola y finalmente en un pasaje, el Cinema Goya, al que dejamos morir a cambio de un B2 de inglés, y el cine Alhambra, que suplantado por el Avenida fue al cabo devorado por un caracol, molusco descomunal que acabó también con el cine Actualidades. Me dejo el Frontón Cinema, con más vidas que un gato. Uno sobre hielo.

No mucho después de esta edición dedicada a Zaragoza la revista dejó de ser semanal para convertirse en un álbum mensual. Después vino lo que vino. Si bien en un principio, y por aquello de la evasión, la guerra atrajo público a las varietés, en lo sucesivo en la media España franquista el glamour sería considerado inmoral, y en la otra media sospechoso, por su vinculación con la burguesía. Con la crápula al menos.

Así que como tantas otras cosas “Tararí” murió en 1936. Pasada la guerra la mayoría de los artistas en ella anunciados disimularon su frivolidad reconvirtiéndose en falangistas o folclóricos. Que venía a ser lo mismo. Miguel de Molina huyó de España después de haber sido apaleado por unos menos hombres que él. No sé cómo se las apañó el “libertino” redactor Sala Velilla para llegar a teniente coronel. Coyne y Bailo, tal y como he contado, hubieron de someterse a la estética del bando ganador. La Empresa Parra se enseñoreó del ocio zaragozano sala a sala. Fina Toven (Josefina Beneyto) al menos prosperó. Casada con un empresario teatral asiduo al Argensola fue madre de la vedette Carmen Riera. En cambio las hermanas Iberia desaparecieron del candelero para siempre. Del candelabro también. De León Vidaller nunca más se supo.

Los pilares de 1936 fueron algo distintos.

Tarari pilar 1935 (8)

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https://blocdeunzaragocentrico.wordpress.com/2018/05/14/por-efecto-de-un-rapido-viraje/

http://lacasadelartista.org

Escándalos políticos en España. (Nigel Towson).

BNE. Hemeroteca Digital.

BVPH. “La Voz de Aragón”.

(*) En realidad Sepu no abrió hasta el año siguiente, pero supongo que la escalera estaría instalada con antelación a la apertura.

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La posada de San Jerónimo-Tiananmén

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San Jerónimo aguantó en su posada hasta que entraron las excavadoras. Y aun entonces se les cruzó, como el chino de Tiananmén al tanque. La posada murió en su sitio, encajada al fondo de la calle del Arpa, que había quedado reducida a un corto pasillo que corría junto al magnífico solar-aparcamiento vigilado con celo por los gatos.

Las casas frente a las murallas habían sido también condenadas como el Lute. A la vez que todo lo que había desde la calle Aben Aire hasta el Ebro, incluido el conjunto que fuera depósito Municipal, colegio y almacenes de madera.

Aquí va un hotel —dijo uno.

Hala pues —respondieron otros.

Quizá fuese el mismo San Jerónimo quien libró de la piqueta al bloque de forma trapezoidal, en pleno centro pero escondido, entre la citada calle de Aben Aire y la de Escobar, único resistente junto a otros cuatro edificios y un solar todavía sin novia en la acera de los impares. Sí cayó el de la ferretería de Julio San Martín. Desde entonces la fachada resultante del derribo aguarda oculta por una gigantesca pancarta.

Ningún otro inmueble sobrevivió a la liquidación de ese triángulo de casi 5000 metros cuadrados (murallas, Echegaray y Predicadores) donde enrasado todo se levantó lo que hoy es visible, borrada de forma definitiva la traza de la calle de Infantes, única por sus casas seriadas del siglo XVIII, adosadas a sus mellizas por el Pº del Ebro. Los derribos sólo frenaron ante los dos pequeños edificios contiguos a la antigua cárcel, el 54 y el 52, que en tiempos fue juzgado y ahora es casa de Juventud.

Es decir, que en el trasiego de la garrafa a la modernidad la calle Predicadores perdió a dos docenas de sus fincas pares mientras Echegaray lo perdió todo, salvo un inoportuno edificio de diez alturas que había sido edificado en 1974.

Cierto es que mediaron entre unas cosas y otras un buen puñado de años, pues como era de esperar una vez removidos los suelos aparecieron hornos islámicos, cimientos islámicos, cerámica islámica, artefactos, monedas islámicas (esto es de mi cosecha) y hasta esqueletos islámicos que retrasaron las obras impidiendo a esta buena gente sacar adelante sus generosos proyectos inmobiliarios. Entre ellos la sede de una empresa emergente denominada ONCE.

Predicadores

En ese entorno —lo cuento como anécdota aunque en la foto sólo salga de refilón— se hallaba mi casa de soltero, sita en el extinto nº 16 de Predicadores, sobre el “bar Nuri”.

Fue desahuciada por el informe de un arquitecto municipal, Navarro de apellido, que llegó provisto de un martillito con el que golpeó, toc-toc, un par de jácenas. Merced a ello el Consistorio de la Inmortal entendió que la finca, habitada hasta entonces, se hallaba en tan mal estado que no era digna de recuperarse. No procedía por tanto cursar ningún tipo de ayuda para su rehabilitación, siéndonos a los propietarios vetadas las subvenciones al efecto.

Al contrario, se nos presionó para que llegásemos a una pronta solución porque de lo contrario el propio Ayuntamiento derribaría el inmueble pasándonos la factura a los vecinos, exactamente cinco puesto que se trataba de un inmueble de escasos 50 metros y un piso por planta. Dado que ninguno éramos leguleyos ni poseedores de picardía dimos por correctos los informes municipales (un ayuntamiento no puede mentir, pensábamos), transcurriendo así los periodos de alegación.

Justo entonces, bloqueados en la peor tesitura, entró en liza cierto señor que como Spiderman se presentó sin haberlo llamado. Tratábase del modesto enviado del propietario de una cadena igualmente modesta de tiendas de electrodomésticos (modestos) que tenía por nombre Paymar. Fue dicho caballero quien ante nuestra imposibilidad de vender los pisos nos citó en un modesto despacho de la calle Cantín y Gamboa para ofrecernos por los enteros —lo único que se podía vender— una cantidad ya no modesta sino ridícula. Por desgracia la coyuntura del momento, sumada a la mía propia, obligó a un servidor a aceptar la birriosa oferta, pues en tanto me había metido en una hipoteca (creo que ahora se llaman así) .

Todos los edificios fotografiados cayeron de forma similar ya que al parecer todos se encontraban en pésimo estado (recuerden el test del martillito) sin que ningún técnico cabal pudiese acometer su recuperación.

Todos fueron adquiridos en las mismas o similares circunstancias.

Las fotos son de Gerencia de Urbanismo, de finales de los ochenta, el plano es el del PGMOU de 1986 y el artículo lo firma Castán Palomar para la revista “Estampa” en noviembre de 1934. La única foto localizable es precisamente la del callejón del Arpa, por el rótulo de la posada. Dado que en el resto de los pies de imagen no se especifica ubicación, cabría pensar que por pura economía del reporter todas las fotografías del artículo fueron tomadas en la Posada de San Jerónimo.

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