Mes: octubre 2015

monterde

padre Manjón. Zaragoza
El muy ilustre señor Ricardo Monterde, candidato electo por Belchite y decano del colegio de abogados, a principios del XX poseía una torre con su jardín, sus andadores y su fuente con surtidor en el barrio de Delicias, apenas pasadas las vías de Madrid.

Hasta la torre se iba por una calle que se llamaba (y aún se llama) como el dueño. Solía ser así.

Después giraba y se convertía en la calle de Alfonso XIII, que en la 2ª República se transformó en la del ministro Marcelino Domingo y finalmente acabó por llevar el nombre de un cura pedagogo.

El caso es que algo pasó con Don Ricardo. Tras la guerra el chalecito se volvió loco. Se clonó a sí mismo más bonito que un San Luis y dejándose hacer por el  eclecticismo, uno de esos conceptos por los que dicen regirse los arquitectos cuando rigen.

La antigua torre de Monterde se tornó en un hospital, muy triste, que hasta los ochenta tuvo nombre de golpe de estado. Luego llegó San Jorge, que lanceó al dragón facha e instauró la Degeá.

Y un día, algunos señores con despacho en el Pignatelli decidieron que ya no teníamos dineros para invertir en él. Como si sobrasen hospitales, el Geriátrico San Jorge se vació como un huevo obligando a los abueletes a mudarse.

Ahora están cayéndosele los techos, como todas aquellas cosas a las que nadie acaricia ni saluda.

un tal franco

visita franco (3)

Hacía calor incluso yendo de blanco. Julio del 70. Un tal Francisco Franco visita Zaragoza. Obviando al individuo paso a describir media docena de detalles.

Los Almacenes “García La Cruz”, donde un millón de madres, abuelas y novias, además de aquella primita pegajosa e interna en las Angélicas, se han provisto del material con el que bordar toallas y cojines. Sin olvidar unos cuadritos con el Cristo de Dalí en punto de cruz. Dos concepciones artísticas inarmónicas.

Arriba, la consulta del Dr Mozota, urólogo de los de toda la vida, con su rótulo sobrio y viril. No podía ser de otra manera tratándose de un urólogo.

Las señales de paso de peatones no son de chapa sino huecas, iluminadas por dentro. En su parte de atrás, por si no queda claro con el monigote, primo simplón de Johnny Walker, reza; “paso de peatones”.

Calzados Segarra y su neoyorkina marquesina. De cuando comprarse zapatos era toda una ceremonia. Entonces de China sólo importábamos aventuras de Bruce Lee. Había hostias pero no se arruinaba el sector.

Los cartelones del cine Coso. “Cuatro Noches de Boda”, filme para mayores de 18 años. Puesto que no me dejan entrar imagino unas tremebundas escenas de sexo duro entre Landa y la Velasco. No obstante, como es una película española, seguro que al final se casan.

El Hotel Alfonso I en su estado previo. Un edificio desafortunado. Por suerte, ya en el XXI se acometió una remodelación que tuvo como objetivo empeorarlo. Creo recordar que en el comercio sito en sus bajos hay un mural publicitario con una señorita asiática peinándose. Junto a unas papayas o algo parecido. Viene a ser una escena muy aragonesa.

La ”manzana de oro” antes de saberse a sí misma manzana de oro. Algunos viejos caserones gozan del privilegio de soportar los estandartes patrios. Inútil fue su entrega a España, ya que el nº 14 de la calle Santiago, el 4 de Bayeu, el 12 de la Plaza del Pilar y lo poco que le quedaba a la calle Goicoechea, pocos años después morirían entre las fauces de una excavadora hambrienta.

Finalmente, gigantesca y adherida al Gobierno Civil, ajena a su inminente jubilación el águila de San Juan, siempre enojada, mira amenazadoramente y de perfil. Hacia la izquierda.

Todas las pancartas son en negro sobre blanco y poseen similar tipografía. ¿Existía una reglamentación nacional para pancartas? ¿Eran de un único fabricante? ¿Así se podían leer mejor en el NODO?

Foto Jaria Zaragoza. Archivo Municipal