Mes: mayo 2017

el mural del Ayuntamiento y el crimen del sereno

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La noche del 4 al 5 de febrero de 1969, a la altura del número 100 de la calle Arzobispo Domenech, el vigilante nocturno M. G. topó con quien le disparó. A quemarropa, sugiere el redactor de La Vanguardia, provocándole la muerte casi al instante.

Ignoro qué más se supo y si alguna vez se supo. Si en las series de TV se investiga todo no parece ser exactamente así en la realidad. En concreto en la de1969 y siendo el asesinado un humilde sereno. Obviemos el error sobre la profesión de la víctima (el Archivo Municipal dice que era policía nacional) y démosle un voto de confianza al archivero y deduzcamos que las fotos correlativas, todas de Gerardo Sancho, muestran a su esposa, de luto, en el contexto de una modesta cocina-comedor. Habría que saber, a cambio de dar vueltas a la manzana jodiéndose de frío, qué dineros percibía un vigilante nocturno del ayuntamiento regido por Cesáreo Alierta.

No siempre el pasado es entrañable.

Tras la imagen del funeral la siguiente muestra la comitiva por la Avda América, a la altura de la calle Oviedo. De ahí al cementerio todavía hay un considerable trayecto cuesta arriba. La mañana de febrero debía ser fría como lo eran las de entonces. Pende el sombrero de la mano del Sr alcalde, a quien se le supone compungido bajo la bufanda.

En otra foto tomada desde la calle Fernando de Antequera, a la espalda del edificio testigo del crimen asoma una de las primeras torres de pisos que dan un cauce del Huerva selvático y oscuro. En la siguiente, calle abajo, flanqueando el Grupo Salduba se sostiene todavía la que fuese tapia de la finca de Victoriano Carboné, industrial y breve alcalde cuya residencia, edificada por Albiñana con fachada a Ruiseñores, quedaba al otro lado este predio y de la acequia de las Adulas. Al fondo, una valla de obras limita el acceso al caos del que surgirán unos grandes bloques de viviendas. De esas que no precisan revalorizarse porque por alguna razón ya nacen sobrevaloradas. Finalmente, no yéndose muy lejos en los archivos, otras imágenes de la misma fecha muestran a una vecina que sin salirse del portal y en zapatillas informa a una dama y a un joven interesados por la acera del suceso. Esta segunda mujer, madura y leopardina, posee un glamour desacorde con el drama. ¿Podría ser Margarita Landi?

Por lo demás la finca frente a la que cayó el Sr M.G. ya no existe. Siquiera muestra el mismo número.

El Camino del Sábado era a finales de los años cincuenta una vía ya urbanita, pero antaño consistió en la ruta más corta al “Sábado”, término de huertas que dio lugar al parque y al Ensanche. El más diagonal de sus dos ramales equivaldría a Maestro Marquina. El otro tiraba río arriba hasta más allá del Cabezo.

Éste segundo ramal recibió el nombre del que fue arzobispo de Zaragoza durante tres de las cuatro décadas que duró la dictadura, en las que siempre se esforzó por paliar al dictador. Me refiero a ponerlo bajo palio. Puesto que con la urbanización de Moncasi el viejo camino quedó partido en dos, la calle en honor al Arzobispo Domenech se interrumpía aquí para continuar allá, aunque manteniendo la primitiva numeración.

Hasta 1971, cuando mosén Casimiro Morcillo cometió también la debilidad de fallecer, obligando a su colega de prelatura a cederle el más remoto de los dos trechos, que partía de la calle de La Luz y alcanzaba el paseo Renovales. Al pedacito que sobró entre una y otra eminencia, es decir, el tramo junto al puente de Los Gitanos, los munícipes le devolvieron el nombre original; carrera del sábado.

Así pues, el lugar del crimen está hoy a la altura del nº 20 de Arzobispo Morcillo. Donde hay un súper de esos que no cierran casi nunca. 

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A modo de epílogo:

De las almas de los moradores de la barriada de Cuber, en el extremo del barrio de San José, se ocupaba como es tradición al no haber otra la parroquia de Santa Engracia, dependiente de la diócesis de Huesca, de la que era obispo titular Lino Rodrigo. En 1945 éste levantó una capilla que en un arrebato de modestia puso bajo la advocación del santo del que él llevaba el nombre.

La erección de la actual parroquia de San Lino —hablo del edificio— aconteció en 1961 a instancias de Casimiro Morcillo, siendo decorada por José Aznar Ibáñez, pirograbador y ex-sacerdote de quien habrá admirado su mural todo aquél que haya asistido a un pleno del ayuntamiento, tomado un café en el San Siro o visitado a un tío operado del apéndice en la Clínica Montpelier.

Tras haber reconocido dicha iglesia en la imagen del sepelio del vigilante, y si se le permite personalizar al escribiente, dirá que es precisamente el calvario del altar, obra de este artista hoy traslada a una capuilla lateral, el único vínculo retiniano que le quedó de su primera y casi única comunión.

Aneja y dependiente de la parroquia existía una modesta escuela a la que se le pluralizaba el nombre, denominándosele “Escuelas de Cuber”, consistentes en un único maestro, ningún patio de recreo, un retrete de los de agujero y un aula común a cuatro grados de EGB. Habiendo sido equipada con enseres descartados de otros centros se daba el caso de que los pupitres quintuplicaban en edad a los alumnos. Las niñas ocupaban el piso de arriba. Educandas en similares circunstancias compartían el citado retrete con los niños, si bien a distintas horas.

Quien suscribe tuvo el marginal honor de cursar allí un par de grados de primaria.

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Archivo Municipal de Zaragoza. Fotografías de Gerardo Sancho Ramo.

Biblioteca Digital Hispánica. La Asociación; órgano para educadores. 1935.

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Pérez Baylo, el führer y las galletas.

Renacer : revista nacional ilustrada de enero y febrero de 1938,
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La revista “Renacer” aparece en diciembre de 1937. Lo hace en Zaragoza, una ciudad purgada y vestida de comulganta a la que el incipiente franquismo propone un romance cuasi pederasta.

Dirigida por José G. Ruiz (o Ruz) bajo el lema de “Revista Nacional Ilustrada”, que después trocó por “Revista de Ilustración Mundial”, tuvo sus oficinas en la calle de Molino (¿de Miguel Molino?), que para el tercer número mudaron a la de San Pablo. Nada de original había en su denominación visto que entre 1934 y 1936 ya se estuvo publicando en Madrid otro “Renacer”, órgano monárquico que salvo la ranciedad poco en común tuvo con su homónimo zaragozano, que se limitará a servir de propaganda al Alzamiento, componiendo —o descomponiendo— sus páginas artículos de Luis Monreal, Joaquín Foz, Ricardo del Arco o el ubicuo y falangísimo Jesús Muro. Ilustradas con fotografías de Jalón Ángel.

Los tres primeros números de “Renacer” exhibieron en sus respectivas cubiertas los retratos de Franco, Hitler y Primo de Rivera. Exceptuando esta pavorosa galería nada de su contenido merece ser reseñado. A lo sumo apuntar que Alberto Casañal Shakery, a quien le debemos muchos tópicos y escasa literatura, garabateó sobre sus páginas un par de poemas facistoides que en capacidad anestésica podrían superar a la morfina.

No hubo, o no se conservó, parece, un cuarto número, gracias a San Gutemberg,

Guillermo Pérez Baylo, genio y razón del presente escrito, firma los mencionados retratos. “Guillermo”, que en los primeros años 30 se empleó en Gráficas Portabella y en el estudio de Mora Insa, había sido ya distinguido —como siguió siéndolo después— en numerosos concursos de carteles. Entre ellos los anunciadores de la Feria de Muestras, de la que con el tiempo se convertiría en cartelista oficial.

Respecto al hrer, supongo que para el delicado retratista que fue Pérez Baylo la necesidad actuó a modo de orfidales, evitando que le temblase la mano del pincel. Supongo también que el ilustrador era consciente de que poniendo sus trazos al servicio de la dictadura se obligaba a castigar su estilo, elegante y audaz, adaptándolo a los gustos estrictamente baturristas del nuevo orden, algo que se percibe al comparar la sensualidad de sus carteles de fiestas previos a la guerra, con los posteriores. Y es que como cierto día admitió Goya tras zumbarse a la duquesa: «¡Qué complicado es complacer al poder sin dejar de ser artista!».

Una vez descrito el recorrido editorial de tan vana publicación, permítale el lector —de haberlo— a quien suscribe divagar sobre la parte más prosaica de su contenido, ésto es, la pecuniaria, donde en la siempre anómala economía de guerra unas decenas de negocios, hoy difuntos o al menos ausentes de esos primeros domicilios, se publicitan ignorando que lo peor estaba por venir.

Lavoisier diría que dichas empresas, lejos de desaparecer se transformaron. Algunas todavía se transforman; la fábrica de dulces de Palacios y Fantoba, en la calle Industria (Dr Horno), el restaurante Laguna Gurrea, en Pignatelli, las galletas de José Gargallo, en Madre Sacramento, los calzados Hernández Luna, en Manifestación, los Curtidos Vázquez, en la pza Nolasco, la salchichería Kurtz, en García Galdeano o los talleres de Echegoyen, en la pza del Justicia…

Choca saber de la existencia del ”Anís Pignatelli”, entonces ya centenario, fabricado por Antonio Quílez en la calle Germanías (Pº Teruel tras los cambios del nomenclátor). Como asombra el que en la plaza de Asso por aquella época existiese, a nombre de Salvador Lorén, una “Fabrica de Tejidos de Algodón y sus mezclas”, publicitada mediante un anuncio obra nada más y nada menos que del pintor Francisco Cidón. Llama igualmente la atención lo parco del reclamo del que fuese “Chalét de Buenavista”, célebre bailongo de nuestros abuelos. Al contrario que el de “Galletas Patria”, que presume de buena planta en esa hermosa vista aérea de sus instalaciones de la Avda Cataluña. Un dibujo, por desgracia sin firmar, que nos recuerda que lo conservado en la actualidad es menos de un tercio del alzado de la fábrica original.

Finalmente, un anuncio que podría calificarse como histórico es el de los talleres de José González Torres, sitos en San Juan de la Peña nº 52, con sucursales en Burgos y ¿San Francisco?

En abril de 1938 comienza a emitir Radio Zaragoza, EAJ 101. La antena desde la que radia, montada en los citados talleres, se yergue a unos escasos 50 metros de la orilla del Canal, en los aledaños de los depósitos de agua de Casablanca. Hoy caería en lo que es la piscina del Residencial Andrómeda. No intenten comprobarlo in situ. El segurata tiene orden de disparar.

Respecto a la que durante un tiempo fue emisora más potente de España, periodistas tiene la Iglesia que saben más que un servidor, por lo que aquí lo dejo y concluyo.

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Archivo Municipal de Zaragoza.

Biblioteca Digital Hispánica.

Plano de Zaragoza, años 50. Gentileza de R. Margalé.