Mes: junio 2017

para emprendedores y/o fantasmas

El Batallador. Abril 1911.

Con sus ingenios y voluptuosidades el siglo XX pretende enloquecernos ya en su primer cuarto. Toda modificación de la cotidianidad le parece poca. No bastándole con electrificar los tranvías —lo cual es una audacia no exenta de peligros—, amaga también con magnetizarnos mediante los inquietantes tendidos telefónicos que nos sobrevuelan. Nada antaño sagrado resulta perdurable. Al contrario; prevalece lo que nació efímero. ¿Pues no han dejado los parisinos en pie esa espantosa torre que en un principio erigieron sólo para cinco meses?

Aquí, en nuestra siempre heróica pero casi nunca idílica Zaragoza, no seremos modernos por completo hasta que no nos convenzamos de que el progreso ha de servirse del asesinato para avanzar. Lentos de entendederas, una década larga después aún los hay que critican el que no reblásemos en la demolición de la Torre Nueva. Una mole que un auténtico progresista debería tasar como un petoste que no hacía sino ensombrecer las buenas iniciativas de su burgués y productivo vecindario.

Y si en París la anómala construcción de Eiffel parece destinada a la permanencia, aquí vamos olvidando la que fue nuestra propia exposición, magno fenómeno que nos habituó a tener la ciudad patas arriba y que no me atrevo a calificar por no errar ubicando dónde radican en concreto los beneficios obtenidos. Si los hubo. Pues no siempre tales fastos a todos placen, siquiera complacen. Decíame no ha mucho un tendero de la plaza del Rosario que durante aquellos meses poco vio asomarse por su botica turistas hispanos ni foranos.

Pero visto está que de aquí en adelante la mutabilidad de las cosas adquirirá una viciosa aceleración. Será por ello por lo que obedeciendo las órdenes de la diosa mudanza, el insigne comerciante López Cativiela ha bien poco que se trasladó, y con él sus “Grandes Almacenes del Pilar”, a la esquina de Fuenclara con Alfonso I.

Mas hete aquí que la calle de Alfonso I, apenas cumplidos los 40 es víctima también del siglo, pues está empezando según algunos a ser vieja, vulgar y demodé. Aseguran los entendidos que le urge un profundo remozado. Así pues sus edificios, antiguamente exquisitos, vienen a ser ahora a juicio de la impertinente modernidad impersonales y opacos, conveniéndoles a sus fachadas groseras transformaciones. Como la que autorizó al arquitecto Sr Yarza a infestar de coliflores los antes sobrios balcones de don Eusebio Molins, recayentes a la recta ruta hacia la Basílica del Pilar.

¡Quién lo diría y quién se lo diría al alcalde Candalija cuando hubo de echar por la fuerza a los ocupantes de las medievales casas expropiadas! Pues mírala ahora, hogar de vecinos ilustres y radicados en ella una larga veintena de comercios de postín. A la vista de tan próspera singladura mercantil vaticino que, así en Zaragoza se abran cien nuevas calles, será en la de Alfonso donde se eternicen la flor y la nata de los establecimientos. Perdurables todos ellos durante generaciones y generaciones de tal modo que a la llegada del siglo XXI, “La Casa Blanca”, “la Campana de Oro”, las joyerías de Aladrén y Faci o el “Café Moderno”, y por supuesto los nuevos “Grandes Almacenes del Pilar”, seguirán echando sus toldos sobre las mismas aceras que sus abuelos.

Pero atengámonos a la practicidad y recordemos que a día de la fecha Don Alejandro Palomar tiene de nuevo disponibles sus locales, vacíos tras la marcha de los socios Vilella y Martín, quienes aun siendo cofrades de Cativiela no lograron alcanzar su éxito. Dichos locales, espacios óptimos, amplios y muy católicos, pues por afinidad y proximidad son beneficiados a diario por la bendición de la Virgen del Pilar, no demorarán mucho en albergar las ambiciosas expectativas y proyectos de algún novísimo emprendedor.

¿Que no se me entiende? Pues consúltese el diccionario; «Emprendedor, ra 1. adj. Que emprende con resolución acciones o empresas innovadoras. Real Academia Española © Todos los derechos reservados» Y si bien este humilde redactor admite que es esta una palabra que desconocía, sepan los lectores que los economistas, trainers y cantamañanas del próximo siglo la popularizarán hasta la indispensabilidad.

Será pues el próximo inquilino un hombre de empresa audaz y dinámico. Un negociante del futuro que acierte a darle una vuelta más de tuerca al sector, instalando el que será primero de una enorme serie de franquiciados a nivel planetario especializados en la venta y distribución de…

¿De qué podría tratarse? Ahora mismo nada se me ocurre…

¡Ya lo sé!

¡Borogobios!

¡Venta y distribución de borogobios! Borogobios personalizados, de diseño ergonómico, avalados por la OMS y 100% ecológicos cuya entrega a domicilio se podrá solicitar mediante una aplicación en el móvil, descargable de forma gratuita una vez se haya rellenado un sencillo cuestionario de 350 preguntas que indagará en las preferencias culinarias, políticas, religiosas, balompédicas y sexuales del cliente, a fin de establecer una base de datos en la que inspirarse a la hora de incorporar mejoras al producto.

Expendiendo el citado artículo le auguro a dicho hombre de negocios un grandioso porvenir. Y si me lo permite, le sugiero que además de borogobios distribuya también filiflamas o agiliscos. Cualquiera de ellos, presentado dentro de un estuche forrado en piel de gamusino, resultaría un estupendo regalo de empresa.

La cosa es emprender. ¿Y dónde mejor que en los bajos comerciales que arrienda el siempre distinguido Dr. Palomar? ¿A qué casero más ilustre podría aspirar un emprendedor que a Don Alejandro Palomar De La Torre, héroe de Cavite, presidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía, oftalmólogo de pro, brevísimo alcalde y abuelo de una reina de las fiestas?

Chúpate esa, Tecnocasa. Mira y aprende.

 

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Coyne 1908 AHPZ

Revista Aragón; noviembre de 1925 y febrero de 1944 . BVA.

G. Sancho Ramo, 1966. AMZ.

Donde estuvo el “Café Moderno” la fotografía muestra el solar en el que en breve se erigirá un hotel estéticamente insultante para su entorno. A su vez, donde un día estuvieron los “Grandes Almacenes del Pilar” se están construyendo los “Almacenes Gay”. Mientras, el águila de los “Almacenes El Águila” aún resiste en su sitio. Por poco ya.

G. Sancho Ramo, 1974. AMZ.

Consummatum est” (Vulgata. Juan 19, 30)

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Enlaces:

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En 1896, José López Cativiela levanta casa y comercio en el extremo oeste de la Plaza del Pilar. El edificio, será numerado como 8 y 9 de la dicha plaza, con trasera a la de Huesca y fachada perpendicular al palacio de Aytona.

Bautizados como “Grandes Almacenes del Pilar”, López Cativiela pone al frente a su sobrino Pedro, ansotano como él, y aunque joven, dependiente experto, pues hasta entonces lo había sido en la tienda de telas “La Moda Elegante”, sita en el Coso nº 5, a la salida del que entonces era pasaje de Torres Secas.

Pedro Cativiela aporta nuevas ideas al comercio; precios únicos que evitan el regateo y pago al contado. Cierra a la hora de la comida, prohíbe a los dependientes entregar “muestras” de tejido a la clientela, etc.

Hasta que en 1901 José López Cativiela, convencido de que su almacén se encuentra desplazado del eje comercial que representa la nueva calle Alfonso, adquiere el que antaño fuera palacio de los Arias, un caserón esquinero con Fuenclara aún por alinear con el resto de fachadas. Allí refunda sus almacenes según proyecto de Ricardo Magdalena.

Tras la muerte de su tío, Pedro Cativiela se separa comercialmente de sus primos y en 1914 abre, justo enfrente, en Alfonso I esquina a Cuatro de Agosto, los “Nuevos Almacenes de Aragón”, negocio que tras la Guerra Civil heredará su hijo, Eduardo.

Fuente; “Comerciantes de Altura, Pedro Cativiela López”, artículo de Juan Moneva publicado en la revista “Aragón” de diciembre de 1946.

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Nota: Como es sabido, en los años 20 los herederos de López Cativiela traspasarán el negocio a la familia Blasco, que serán quienes en 1961 vendan el inmueble a José Luis Gay, empresario que despreciando el que pudo ser primer ejemplo de instalación modernista en Aragón, demolerá todo el edificio para erigir sus almacenes. Del chandrío habido desde entonces para acá, quien suscribe no posee datos por haber establecido su residencia desde hace tres décadas en Mongolia. Concretamente en Alcalá del Gobi.