Mes: febrero 2018

Robin Hood y los puentes zaragozanos.

Created with GIMP

De puente a puente —la corriente depende de la estación— si el río fluyese de forma rectilínea habría poco más de 40 kilómetros.

En el paisaje real entre el uno y el otro hay unas veinte “revueltas”. ¿Meandro es lo que entra o lo que sale? No lo tengo claro.

Durante ochenta años, hasta hacerse el de Novillas (1982), el puente de Gallur, que en realidad es de San Antonio, fue el primero que se encontraba el Ebro al entrar en Aragón.

Después de él y de los veinte —vale, mal contados— meandros, iban el del ferrocarril, el de Piedra y el de Hierro, que en realidad es de Nuestra Señora del Pilar. Éste a su vez y durante dos décadas, hasta hacerse el de Caspe (1917), fue el último en traspasar el río antes de que nos abandonase.

El de Sástago vino luego (1926). El de Gelsa algo después (1930), con el de Mequinenza (1930).

Pero a lo que iba.

El afán por que Zaragoza poseyese un moderno puente carretero trajo aparejados choques de criterios explicables entre caballeros con chistera y rancia autoridad. En su génesis el proyecto a punto estuvo de costarle su fábrica al de Piedra. Por fortuna el nuevo puente fue rigurosamente nuevo y no un sustituto, concretándose su ubicación a la altura de las Tenerías.

Proyecto del ingeniero Salvador Pérez Laborda, era un puente del tipo llamado “bowstring” —si bien en Zaragoza nadie sabía qué significaba eso— con cinco tramos y cuatro pilas, que se abrió a la circulación en octubre de 1895.

Es curioso que ese mismo año el mismo ingeniero, para reemplazar al inestable de tablas de Gallur propusiese un puente muy distinto al que acababa de realizar; un diseño similar al colgante que por entonces cruzaba el Gállego por Santa Isabel.

No prosperó. La razón por la que Laborda no quiso repetir aguas arriba su puente se le escapa a quien suscribe.

El cuento no obstante tiene algo de absurdo, pues algunos años después Gallur aceptó un proyecto, firmado esta vez por Cornelio Arellano Lapuerta, consistente en un puente, igualmente de tipo “bowstring” —en Gallur tampoco nadie sabía qué significaba—, inspirado en el de Ntra Sra del Pilar pero en su caso apoyado en sólo dos pilas, de tres tramos. No porque el Ebro sea allá más estrecho que acá sino porque Arellano dotó al suyo de más luz entre pilastras, dándole de paso un aspecto más ligero.

Tras alargarse en un año su ejecución entró en funcionamiento en 1902, también en octubre.

Siguiendo el cauce, una vez pasada Zaragoza esta vez la recta mediría casi cien kilómetros y los meandros serían incontables, la entrada a desde la margen izquierda Caspe dispuso en tiempos de otro “bowstring” —siquiera allí sabían que podía significar—.

El tercer y tardano hermano fue obra del ingeniero Joaquin Echevert, quien falleció poco antes de verlo concluido.

A unos pocos kilómetros de la población, constó de cuatro tramos y tres pilas, siendo inaugurado en febrero de 1917.

Sobre él en marzo del 1938, en el curso de la Batalla del Ebro y en el contexto del asedio a la ciudad de Caspe, la Aviación Italiana dejó caer cerca de ocho toneladas de bombas, de tal modo que tras el fin de la guerra el puente caspolino estaba definitivamente arruinado, si bien ABC publicará que lo estaba por haber sido “volado por los rojos”.

Nunca se reconstruyó. Cabe que los planes del embalse (1955) sentenciasen su desestimación. Los actuales puentes que cruzan a la altura de Caspe, Chiprana y Escatrón son obras recientes. Lo que quede de las pilastras de este tercer bowstring seguirá bajo el agua en la que nadan los peces más grandes del mundo. Bueno. Son bichos enormes.

…………………………………………………………………………………………….

Saliéndome ya de la provincia pero no del Reino, y más antiguo que los anteriores, según proyecto de Pano y Ruata el puente carretero de Monzón se abrió en septiembre de 1876.

Se trataba de otro “bowstring” —de eso en Monzón ni idea tampoco—, en su caso de tres tramos. Para su desgracia pereció en similares circunstancias que el de Caspe, también en marzo de 1938.

Pero antes de todos los nombrados, a fin de salvar el Turia a su paso por Teruel, en junio de 1868 —prometedor año— se inauguró uno de los primeros puentes de tipo “bowstring” que este redactor tiene registrados, al que los turolenses llamaron “de Hierro” pero que en realidad era de San Francisco. Tal como el de California.

Solidarizándose con su ciudad este puente de un solo tramo cayó dinamitado durante la guerra.

 

 

……………………………………………………………………………………………………………………………………….

○○○ Puente de Hierro de Zaragoza, todavía en construcción.  Foto de Silvestre Hernández. 1884.

“Zaragoza Revelada. El Periódico de Aragón. 2017”

(https://www.facebook.com/843366082510395/photos/a.843378909175779.1073741828.843366082510395/888292161351120/?type=3&theater )

○○○ Puente de Gallur. 1960. Editorial M. PELLICER

○○○ Centro de Estudios de la Historia de Monzón y Cinca Medio (CEHIMO)

○○○ “Los puentes metálicos sobre el Ebro en la provincia de Zaragoza” (Artigrama, Mª Pilar Biel Ibáñez)

○○○ “El Agitador, Bajoaragonesa de Agitación y Propaganda”.