Mes: mayo 2019

La estanquera del Coso asesinada por los apaches

AHORA abril 1932

Cuando copulan el mito y la realidad que lo hacen mucho gozan más cuanto más público les contempla. Los periódicos de las últimas décadas del siglo XIX horrorizaron a sus lectores y sus lectores disfrutaron horrorizándose con los relatos de la atroz guerra entre el ejército de los EEUU y los indígenas apaches de Arizona.

Se supone que fue entonces cuando un cronista de sucesos parisino asemejó la fiereza de aquellos apaches con la de las bandas que actuaban en los bajos fondos de su ciudad. De ahí en adelante, aventada por la prensa, la palabra “apache” se incorporó a la lista de pesadillas urbanas, no tardando los medios extranjeros en sumarse a la hipérbole. París marcaba pautas. Si sus artistas gráficos representaron a los proxenetas y rateros vistiendo las grandes gorras de visera, prendas a rayas, fulares y fajines asociados a los “apaches”, los ilustradores del siglo XX los imitaron. El Manitas”, ladrón oficial en las historietas de Zipi y Zape, viste de esa guisa. Sin embargo en tanto avanzaba la centuria la voz “apache” perdía terribilidad y servía a la bohemia de la Ville lumière para apellidar su desinhibido modo de vida. Se vinculó incluso con el tango, pues como todo el mundo sabe son apenas unos kilómetros los que separan Buenos Aires de París.

Vistas ya los distintas calidades de apaches, pasaré al suceso.

Se ha escrito mucho acerca del asalto que en aquella noche de abril de 1932 le costó la vida a la joven de 23 años Isabel Miranda. Al contrario que en Chicago, donde también sopla el cierzo, en Zaragoza los crímenes, por escasos, se rememoran hasta desflecarse. Provinciana por vocación la ciudad ofrece una modesta tasa de criminalidad que dista de satisfacer a los malsanos locales. Ello no quita para que los zaragozanos de aquellos y éstos tiempos se muestren inquietos ante cualquier esporádico suceso que justifique la frase “no se va a poder salir tranquilo a la calle”. Sin ir más lejos, éste sin conclusión trágica, poco tiempo atrás del asalto del Coso había acontecido otro en un estanco de la calle de Pignatelli, fechoría que pesó más tarde sobre los inculpados.

Estimulada por los aires republicanos la libertad de prensa cogía de nuevo carrerilla tras verse interrumpida por la penúltima dictadura. Con el plus de que los medios eran mejores, más los periódicos y más audaces los periodistas. El semanario “Ahora” apuesta por las emociones, el retrato de la asesinada que reproduce es del día de su primera comunión. Otros muestran la carroza fúnebre ataviada en blanco, apropiada al entierro de una joven soltera. La instantánea realizada por Abelardo de la Barrera mostrando una troupe de entretenidos curiosos frente al establecimiento será publicada en varias ocasiones, cuando los periódicos se hagan eco de las concentraciones de repulsa, las reclamaciones del gremio del comercio y los malintencionados que ya entonces relacionaban libertad y delincuencia.

Lo cierto es que la manifiesta pubertad de la democracia española no fue óbice para que el ruido mediático cumpliese su cometido. En unos tiempos de evidente ineficiencia policial no deja de chocar que la detención del primero de los culpables se diese al cabo de un corto mes, cuando circulaba por una remotísima carretera tarraconense, captura que una vez obtenidas las oportunas delaciones trajo consigo la resolución absoluta del crimen, por el que apenas once meses después fueron impuestas tres condenas de 25 años cada una. La Justicia viajó en uno de los primeros Ferrari.

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Las crónicas hablan tanto de la efectividad del único disparo de revólver como de la casualidad, inútil al cabo, de que la Casa de Socorro Municipal se hallase apenas tres portales más abajo, en el entonces nº 143 del Coso. Como dato curioso, al año siguiente y coincidiendo con las fiestas del Pilar sería inaugurada la nueva “Casa de Socorro” del Pº de la Mina, en un edificio originalmente destinado a “La Caridad”. El antiguo dispensario fue demolido siendo sustituido en 1940 por un impecable edificio, hoy por cierto prolijamente pintado de azul.

Por su parte la expendeduría número 19 de la Compañía Arrendataria de Tabacos se ubicaba en los bajos del nº 137, edificio anejo por su derecha al que antaño fue colegio jesuita y luego polvorín, presidio, seminario y fábrica de fajas, que se extendía hasta la calle de San Jorge y abría cuatro portales al mismo Coso; el 135, su duplicado, su triplicado y su cuadruplicado. Tan soberbio casoplón fue demolido casi en su mitad a finales de los años 60, cediendo solar al bloque que hace esquina y al hotel. Los tres portales supervivientes quedaron renumerados como 125, 127 y 129, de forma que el antiguo 137 se convirtió en el 131.

Dicha Compañía Arrendataria, gestora del monopolio del Estado, existía desde 1887 resultado de la unión de los capitales del Banco De España y la sociedad Urquijo. Si bien en 1900 ya había sido regulada la distribución de las expendedurías y asignada su numeración, finalizada la guerra una nueva ley creó el patronato en adelante encargado de la adjudicación, no sólo de los estancos sino también de las administraciones de loterías y los surtidores de gasolina, que desde entonces a la hora de establecer su titularidad daba prioridad a:

«…las personas perjudicadas por la guerra y revolución roja… / …así como a los familiares de los fallecidos en acción de guerra o asesinados en la zona sometida al domino rojo». (julio de 1939)

Aunque desde mis escasos medios no soy capaz de averiguar qué vida llevó la estanquera titular en el momento del asalto, Dña Rita Rojas Martín, no cuesta suponer que el estanco sería readjudicado según los criterios del recién creado patronato. De hecho su última propietaria era viuda de un militar “caído en acto de servicio” en 1952.

Fallecida ésta y al no tramitarse por parte de sus hijos el correspondiente expediente de transmisión, pasado un plazo el “Comisionado para el Mercado de Tabacos” dictaminó en mayo del 2008 «la extinción de la concesión de la expendeduría de Zaragoza 19, sita en la calle Coso, 131, de Zaragoza».

Al estanco del Coso se le practicó una humanitaria eutanasia a la edad aproximada de 100 años.

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Recortes obtenidos de la Hemeroteca Digital (BNE).

Danza apache”. Juan Carlos Alonso. Publicado en “Caras y Caretas”, 16/agosto/1913. (Bs. As.)

Foto: Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza. 1992.

B.O E. 01/05/2008

B. O. del Ministerio del Aire. 29/09/1960

La Compañía Arrendataria de Tabacos. La evolución del monopolio entre 1936 y 1945”. F. Comín Comín y P. Martín Aceña. Universidad de Alcalá y Fundación Empresa Pública. 1999.