Mes: septiembre 2019

Félix tendría hoy 100 años.

Ediciones García Garrabella.

No existen los fantasmas, al menos los medianamente serios, y no existen pasadizos entre aquí y allá. Sería un coñazo, un jet-lag horrible y encima en el trayecto haría un frío del copón.

No creo pues en los espíritus pero sí en la energía potencial, las radiaciones, los campos magnéticos y la inercia.

Pasen por esa esquina, toquen el mármol de la fachada y verán que vibra con delicadeza y a la vez con constancia.

No es el paso del bus que viene de Peñaflor, es por Felisín.

Las grandes obras conllevan accidentes. Siempre hay alguien que se pilla un dedo o que se cae desde un maldito andamio. Así debió de suceder en la erección del Monasterio del Escorial, en la torre Eiffel, en Abú Simbel, en el Canal de Panamá, en el espantoso Valle de los Caídos y hasta en el mal aprovechado auditorio de la Expo.

En el Banco Zaragozano también.

Félix vivía en la calle de Añón, tenía 9 años y estudiaba en Escolapios. A diario para ir a clase se patearía dos de los tres tramos del Coso, desde el seminario hasta la Audiencia. Una vez llegado no sé por qué puerta accedería al colegio, si por la de Escuelas Pías o por la de Conde de Aranda, que entonces era casi nueva. Dependería de los debes y haberes de los padres. A Félix no sabemos cuál le correspondía. Sólo que ese día no llegó a entrar.

Por entonces, en la mejor esquina de Zaragoza, que a su vez es la mejor del Mundo, se estaba construyendo la nueva sede del Banco Zaragozano, una obra digna de tal esquina. El arquitecto García Ochoa no era de aquí aunque vivía aquí, pero el banco seguro que tampoco era nativo al 100%. A esas alturas de 1929 las obras debían de estar bastante adelantadas, pues estaban ya decorando la fachada.

El periódico, con una eficiencia periodística curiosa, no cita al arquitecto pero sí a los obreros implicados, así como al encargado de obra.

El bloque de mármol pesaba más de 100 kilos, se les escapó de las manos, rompió los cañizos y se precipitó sobre la acera. Estaba recién pulimentado, argumentaron. La foto de “La Voz de Aragón”, muy mal digitalizada, retrata en el suelo al bloque caído. La crónica dice que se hallaban trabajando en “la planta principal”, que entendemos sería la primera y por lógica de la fachada que daba y da a la plaza de la Constitución.

El bloque cayó sobre Felisín, quien herido de muerte fue atendido en la farmacia Ríos, establecimiento que dada su localización más de una vez hubo de socorrer a alguien malherido en la calle. Pocos años atrás, a los funcionarios tiroteados en Independencia.

Félix Pérez no tiene obelisco, aunque murió esa misma tarde en el Hospital Provincial, a eso de las siete.

La prensa cuenta que antes de que pudiesen hacerse las oportunas comprobaciones periciales unos obreros se dispusieron a retirar el bloque y que la gente protestó. De cualquier modo llegado el magistrado su conclusión fue corroborar la declaración de los marmolistas. Me imagino cuánto podía entender de bloques de piedra un juez de entonces. Un juez actual al menos podría mirar en Google.

El edificio continuó rematándose y fue inaugurado en marzo del año siguiente . Dada la fecha del accidente el niño acababa de empezar las clases. No sé si yendo hacia la escuela pudo llegar a ver el exquisito cupulín de mosaico brillando bajo el sol.

Esto fue publicado un sábado, uno como el de hoy. De un día 14, como el de hoy. Y sucedió en septiembre, que es el mes presente, de 1929. Es decir, ayer hizo 90 años. Hoy los hace de la publicación de la noticia en “La Voz de Aragón”.

Podría haber esperado y contar esto mismo dentro de 10 años. Pero vete tú a saber de aquí a entonces cuántos bloques de mármol nos pueden haber caído encima.

portada voz arag 14 9 29

La Voz de Aragón”. 14/08/1929. BVPH. Ministerio de Cultura y Deporte.

Ediciones García Garrabella. Ca. 1940.

 

Historia vieja de una manzana nueva

Yarza 1856

Antes del empeño del alcalde Candalija por conducir a locales y foranos hacia la basílica del Pilar de forma rectilínea, no fuese que se extraviasen, la irregular callejuela del Trenque (o subida) arrancaba en el Coso como hoy arranca la calle Alfonso y en un principio tiraba recto, pero a la altura del cruce con Fuenclara torcía hacia la derecha para llevar a la plaza del Carbón (a la de entonces).

Era en este segundo tramo donde en la acera izquierda estaba la casa de los Arias. Y si bien la nueva calle en su apertura barrió con decenas de edificaciones antiguas, respetó esta, cuya fachada quedó escorada respecto al moderno trazado.

Adosado a dicho caserón pero con su entrada por la plaza de San Felipe estaba el que en tiempos fue palacio de los condes de Guara, que recrecido y muy modificado figura en los inicios del XX como propiedad de una tal Sra viuda de Alicante. Este inmueble, tremendo, daba por su parte de atrás a la mencionada calle de Fuenclara, donde su acera hacía un retranqueo obedeciendo al ensanche que todavía existe frente al callejón del Desengaño.

Así se mantuvo todo aquello hasta el año 1901, cuando el comerciante José López Cativiela adquirió el solar de los Arias y encargó al arquitecto Magdalena alzar allí los que serían Grandes Almacenes del Pilar, ya respetando la alineación de Alfonso y con la esquina debidamente achaflanada. Para ello hubo de ensancharse la embocadura de Fuenclara y como consecuencia desapareció una pequeña finca que ostentaba el número 5, encajada entre las propiedades de Cativiela y Alicante, ganando un trozo de acera la de la segunda.

Como sabemos el edificio de Ricardo Magdalena, aun tratándose de la joya que era, emblemática por su uso comercial, cayó a finales de los años sesenta para ser suplantado por el de los almacenes Gay, con un diseño que dinamitó, cual el Coyote cazando al Correcaminos, la perspectiva de la calle decimonónica.

Esta vez el ganó el Coyote.

Daniel Pérez. Fuenclara.

El que fuese palacio de Guara caería poco después, y a su hueco se sumó el resultante del derribo de la casa esquinera con Gil Berges, dando lugar a un solar descomunal y apetitoso.

Para desgracia de su adquisidor la nueva propiedad se hubo de someter a las siempre “impertinentes” catas arqueológicas, las cuales revelaron unos predecibles restos. Así las cosas el reloj se detuvo durante más de tres décadas en las que el solar se mantuvo yermo. Parecería que los vetustos edificios habían sido sacrificados para nada. Es en ese impase cuando D. Rafael Margalé tomó las imágenes que adjunto (ca. 2003), donde se ven fragmentos de una columna salomónica y numerosos cimientos.

Hasta el 2007 no arrancó el proyecto del actual bloque a tres calles, que dadas las circunstancias se construyó bajo ciertas condiciones. A ese respecto el Periódico de Aragón de fecha 29 de octubre de 2006 reza, “se cederá un espacio al Gobierno de Aragón para que a través de grupos restringidos gestione su exposición”.

Quien haya visitado el yacimiento que levante el dedo.

Dicho inmueble regresó a los periódicos a principio de este verano cuando fue noticia debido al desalojo de una de sus viviendas, okupada según algunas fuentes por una “banda de traficantes”.

Ya que de traficantes estamos hablando, parece ser que en el 2008 la crisis pilló al constructor con la mayoría de pisos sin vender. Estos fueron pasando de entidad en entidad, siempre vacíos y cerrados, circunstancia que propició la famosa okupación. Ahora resulta que otra empresa —o la misma vestida de lagarterana— pretende sacar las viviendas a la venta, por lo que resultaba imprescindible el desalojo. La vida es una caja de bombones, decía Forrest.

Como cosa curiosa, los planos muestran que tanto el caserón de los Arias como los Grandes Almacenes del Pilar siempre “robaron” una pequeña porción de suelo a esta propiedad, un rectángulo de unos 15 metros cuadrados que a Gay le sirvieron de acceso a aquella escalera de incendios tan neoyorquina, del final de Pretty Woman. Hoy esta misma escasa superficie da paso en su planta calle a un restaurante subterráneo.

Sí, sí. Como suena, subterráneo.

Antes de todo eso, tras los derribos, el solar quedó perimetrado a modo de valla por los que fueron los muros de su planta calle. Así, en el rincón de Fuenclara quedó lo que aparece en la fotografía, junto a donde trepa el zagal con dudosas intenciones.

Parecía una suerte de contrafuerte macizo, pero no creo que lo fuese. De ladrillo y con la cubierta inclinada su reencuentro en esta fotografía de Daniel Pérez ha motivado este comentario.

Rafael Margalé, excavaciones calle Fuenclara

Epílogo.

Otro detalle reseñable fue durante años el letrero vacío del “Cine Arlequín”, al que los padres denominaban “Cine Fuenclara” y los abuelos “Círculo Obrero Católico”. Un cartelón al que nadie apeó de la fachada una vez la sala dejó de funcionar y que afeó al palacio a lo largo de muchos años.

Un mal día se le echó un candado al portón del inmueble histórico, céntrico y hermoso. Ya siquiera para curiosear se pudo acceder al patio con sus sexys columnas. Tiempo después se tapió. Hasta hoy. Nadie parece indignarse por ello. Supongo que más indignantes resultan las farolas de Independencia. Y eso que las farolas se podrían echar abajo en una tarde. Recuperar el palacio ya no.

Volviendo a la foto, no era la de mi adolescencia una sociedad de eruditos. Siquiera de culturetas. De ahí que al vulgo siempre le intrigase la exquisita fachada de “Libros”, con sus columnas torneadas de madera y su altillo, así como sus rótulos en una reinterpretada fraktur. Una tipografía que siempre intimida. Pero no es culpa de Hitler ni del Heavy Metal. Siempre intimidó.

Dos instituciones me quedan por citar; una a la espalda del Sr Pérez, las insignes “Gráficas Minerva”, madres de mil y un sellos de goma, entidad que ha poco acaba de sucumbir en otro domicilio. La otra sale de refilón y pasa desapercibida; la “Sastrería Pedraza”, que vistió a mandamases, jueces y eclesiásticos.

planos:

José de Yarza. 1856.

Dionisio Casañal. 1879.

Dionisio Casañal. 1911.

fotos:

Daniel Pérez. 1992

Rafael Margalé. 2003.