cosas

sumersión

Estudio Coyne. AHPZ

Que “Il dolce far niente” de sus patos no nos engañe, el Canal Imperial de Aragón de joven tuvo su genio, aunque para quien se apoye en cualquier tramo de barandilla de sus casi 10 kilómetros de recorrido urbano sea sólo una plácida lámina de agua barrosa desplazándose entre la A2 y la Z40. Si los puentes nos dejan claro que en dos siglos y medio su anchura no ha variado, sí en cambio lo ha hecho el volumen de agua que abandona la ciudad más allá de Valdegurriana.

La prensa de épocas pasadas, que empleaba buena tinta en narrar los nombramientos, las coronaciones y los casorios de alta alcurnia, rara vez se hacía eco del cotidianidad del paisanaje, que salvo que delinquiese no aparecía en sus páginas con nombres y apellidos. La otra excepción, bastante más inconveniente, es que el susodicho paisanaje pereciese en dramáticas circunstancias. De ser así su óbito pasaba a los papeles tal y como los de Kennedy o Manolete. La muerte impresa nos iguala aunque difiera en el número de páginas y el grueso del palo de las letras titulares.

Por efecto de la corriente o debido a la ignorancia en el arte natatorio, que diría Don Pantuflo, hasta hace unas décadas eran frecuentes los ahogamientos. Diríase que las aguas dudaban poco —o nada— a la hora de apropiarse de la vida de quien de forma consciente o por descuido contactaba con ellas.

El País” relata el accidente sufrido en mayo de 1914 por un panadero y su familia traspasando el puente de la Muela, aún situado bajo la antigua carretera de Madrid, hoy Avda Rodríguez Ayuso, en una de las curvas más bruscas que realiza el curso de agua. El caballo se espantó precipitándose la tartana con toda la familia en una poza que tragó al carruaje con una niña dentro, así como al padre cuando intentaba rescatarla.

«Una familia ahogada. Zaragoza 25.- En Puente de la Muela, lugar próximo a esta capital, el carruaje que guiaba Miguel M C, sirviente de la fábrica de pan La Zaragozana, y ocupado por su esposa Fidela A, una niña de pecho de siete meses y su hija mayor, María, de tres años, al llegar al puente espantóse el caballo, arrastrando al coche al fondo del canal Imperial, cayendo en éste las dos niñas. El padre se arrojó, con el propósito de salvarlas, pereciendo también abogado. La infeliz madre, que presenció el trágico suceso sufrió un síncope». (El País, 26 mayo 1914)

En 1925 “El Sol” cuenta el caso de un hombre, víctima de alguna incurable enfermedad, que dándolo todo por perdido optó por suicidarse arrojándose al Canal tras haber dejado su drama explicado en una nota.

«Se suicida en el canal Imperial. Zaragoza 18 (4 tarde). El guarda del Canal Imperial José García vio esta mañana que, flotando sobre las aguas, y agitando desesperadamente los brazos se hundía un hombre. En la orilla había dejado la americana, en uno de cuyos bolsillos fué encontrada una carta en la que decia que se suicidaba por los dolores que le causaba una enfermedad crónica que padecía». (El Sol 29 abril 1925)

Saliéndonos por un instante del municipio, Paz y José, dos novios de Alagón que sufrían el que su relación fuese reprobada por la familia de ella, una mañana de agosto de 1925 y en circunstancias un tanto confusas se dejaron arrastrar por las aguas, que a duras penas los devolvieron.

«Dos novios se suicidan, ahogándose en el Canal Imperial. Zaragoza 6.— Dicen de Alagón que esta mañana, a cuatro kilómetros del pueblo y por las orillas del Canal Imperial, paseaban los jóvenes Paz L. G. de diez y ocho años, y José A. de veintitrés, quienes desde hace tiempo eran novios con oposición resuelta de la familia de la muchacha. Cuando paseaban por el lugar citado, vieron venir a Ramón Pérez, tío de !a novia, y para no ser alcanzados por él, se arrojaron al agua, donde murieron ahogados. Ramón Pérez marchó al pueblo donde denunció lo que acababa de ocurrir, y montando un servicio de sondeo del canal, a las siete de la tarde fueron hallados los cadáveres de los novios, fuertemente abrazados. Momentos antes de ocurrir el suceso, la madre de Paz recibió una carta de la muchacha en la que le participaba su resolución de quitarse la vida, en vista de la oposición do la familia a sus relaciones,amorosas. El suceso ha cansado gran impresión en el pueblo, por ser ambos muchachos hijos de distinguidas familias de la localidad». (La Correspondencia Militar, 6 agosto 1925)

La Voz” en ese mismo mes dedica unas líneas, escasas, a un “demente” de 28 años que pereció ahogado en la zona de Torrero.

«Un demente se ahoga en el Canal. Zaragoza 12 (3,45 t.).—En el Canal Imperial ha aparecido el cadáver de F.A.A. de veintiocho años, soltero, que padecía enajenación mental y que desapareció de su domicilio el día 8 del corriente. (Febus.)» (La Voz, 12 agosto 1925)

Como es lógico eran los medios locales los que antes y mejor divulgaban este tipo de desgracias, a las que en muchas ocasiones siquiera podían ponérsele apellidos, como en el caso del hombre “usuario de bigote” hallado en la primavera de 1930 flotando en uno de los trechos más hermosos y paseados del Canal.

«En el Canal Imperial / Ayer fué hallado un hombre ahogado. En el canal, flotando en sus aguas, fué ayer visto, sobre las siete de la mañana, el cadáver de un hombre. Flotaba en el trayecto comprendido entre el paseo de Ruiseñores y el puente de América. / Actuaciones judiciales /Los guardias de seguridad de servicio en aquellas inmediaciones avisaron inmediatamente a la comisaría de Vigilancia, siendo también avisado el Juzgado de guardia. Se procedió por el juzgado al levantamiento del cadáver que de momento no pudo ser identificado por carecer de toda clase de documentos. Por la Hermandad de la Sangre de Cristo fué conducido al Depósito Municipal./ La Víctima / Representaba el muerto unos 45 años de edad, era algo calvo y usaba bigote. Vestía camisa blanca de rayas azules, pantalón negro y calzaba alpargatas blancas. No llevaba chaqueta ni chaleco». (“La Voz de Aragon” mayo 1930)

Y es que ese bello tramo, muy a su pesar, contaba con unos índices de siniestralidad que ríete tú del Bronx en las pelis de Charles Bronson.

«En el Canal / Hallazgo de un cadáver / Del Canal Imperial, entre el Puente de América y la pasarela al barrio de Venecia, fué ayer encontrado el cadáver de José L. L. de 23 años, soltero, albañil de oficio con domicilio en Doncellas 3. El infortunado albañil se arrojó al Canal el pasado lunes, pereciendo ahogado. El Juzgado de guardia procedió al levantamiento del cadáver, que fué trasladado al Depósito judicial». (“La Voz de Aragón” 21/12/1930)

También en 1930 fue cuando aconteció aquél espantoso suceso relatado por muchos medios; el del comerciante de zapatos que paseando de madrugada en coche acompañado por una de sus empleadas (a mí no me pregunten) a la altura de Casablanca y teniendo metida la marcha atrás aceleró en exceso y cayó con coche y todo en la zona más profunda del molino, ahogándose él y salvándose la chica, historia que un servidor contó en su día en páginas muy parecidas a esta.

«Zaragoza /Amplío detalles del suceso ocurrido esta madrugada / El automóvil lo conducía el fabricante de calzado llamado Mariano Casanova, que daba un paseo nocturno en compañía de la joven Julia Ibáñez, soltera, natural del pueblo de Ocera (sic). Al llegar al puente sobre el canal, situado en Casablanca, decidieron regresar a Zaragoza. Casanova realizó una maniobra para variar la dirección del coche, pero éste retrocedió rápidamente y se precipitó en el canal. Dentro del agua Casanova logró abrir una de las ventanillas del coche y salió fuera. La Joven entonces se agarró fuertemente a una pierna de Casanova y ambos fueron arrastrados por la corriente. Casanova hizo un movimiento brusco, se desprendió de la muchacha y pereció abogado. Julia, tras desesperados esfuerzos, logró ganar la orilla y se agarró a los matorrales. El empleado de Abastos José Castrillo, que prestaba servicio en el barrio de Casablanca, ayudado por otros vecinos, logró salvar a la joven. Esta ha manifestado que Casanova debió sufrir un sincope, por lo cual ha perecido ahogado. Casanova tenia treinta y siete años, y su familia veranea actualmente en Zarautz». (“El liberal” agosto de 1930)

De un año más tarde es la triste historia, de julio de 1931, en la que un niño de 9 años que fue a pescar el sábado ya no regresó.

«En el Canal Imperial de Aragón / Cerca del embarcadero fué hallado el cadáver de un muchacho de pocos años / Junto al embarcadero del Canal, a pareció muerto Antonio B. D. de 9 años, con domicilio en Esperanza 25 (Torrero). Fue hallado su cadáver por Victor Roumier Moros, da 24 años, estudiante, que denunció e1 hecho en la Comisaría de Vigilancia. Fué avisado el Juzgado de guardia que procedió al levantamiento del cadáver, que fué trasladado por la Hermandad de la Sangre de Cristo al Depósito Judicial. / Otros detalles / El niño desapareció el sábado. Salió el sábado de su morada el infortunado Antonio Bernabéu, manifestando a sus familiares, según informaron algunos vecinos, que iba a pescar. Llevaba una caña y debió dirigirse a la orilla del Canal, donde indudablemente resbaló, cayendo al agua y pereciendo ahogado. La fatal desgracia causó honda impresión en sus familiares y convecinos». (“La Voz de Aragon” julio 1931)

El mismo periódico en el invierno de 1932 cuenta el caso, en apariencia de suicidio, de un “obrero”, afiliado a la CNT, cuyo cadáver fue hallado flotando en el embarcadero.

«En el Canal Imperial / Un obrero se arrojó al agua y ha perecido ahogado. Ayer tarde apareció ahogado en el Canal Imperial, cerca del desembarcadero, un hombre, cuyo cadáver fué extraído del agua por unos barqueros. Al proceder el Juzgado de guardia, constituido por el juez, señor Espuny, y actuario el Señor (ilegible) a la identificación del cadáver, encontraron en sus ropas un carnet de la Confederación Nacional del Trabajo y una cédula personal expedidos a nombre de Angel L. F. de 38 años. El carnet indicaba como domicilio Begoña 39 (Delicias) y en la cédula aparecía que moraba en Paz 6. Fué trasladado el cadáver al depósito judicial. Se supone que el infortunado Angel L. desaparecido del domicilio conyugal, por disenciones familiares, hace pocos días atentó contra su vida arrojándose al Canal, donde pereció ahogado». (“La Voz de Aragón” 1932)

No tuvo consecuencias fatales el “asunto de amoríos” que en otro agosto, éste de 1933, llevó a Ángeles, que servía en alguna buena casa del camino de Lapuyade, a lanzarse al agua desde el puente de América, siendo en este caso la joven lo suficientemente afortunada como para que un trabajador del propio Canal la rescatase.

«Intento de suicidio / Una muchacha se arroja al Canal Imperial / Atentó ayer contra su vida Ángeles T N, de 16 años, sirviente en el camino de Lapuyade 68. Desde el puente de América se arrojó al Canal Imperial de Aragón siendo inmediatamente extraída por un obrero municipal. En una ambulancia sanitaria fué conducida al Hospital Provincial, donde recibió asistencia facultativa. Según manifestó había cuestionado con su hermano por asunto de amoríos. Sólo recibió la muchacha el susto y el remojón consiguientes» (“La Voz de Aragón” junio 1933)

La mecánica de fluidos, que por ser mecánica está exenta de crueldad, hacía de las esclusas de Casablanca el punto donde quedaba atrapado cualquier cuerpo humano o animal que cayese al cauce aguas arriba. La crónica no especifica en este caso si el vecino de Alagón, al que de forma curiosa sus familiares se dieron prisa en dar por “suicidado”, vino a morir a Zaragoza o si se arrojó a las aguas en su pueblo, con lo que su trayecto hubiese resultado espeluznante.

«En el Canal Imperial de Aragón / Aparece en las compuertas de Casablanca el cadáver de un hombre / Ayer, en las primeras horas de la mañana un guarda del Canal halló flotando en sus aguas junto a las compuertas el cadáver de un hombre. Al lugar del hallazgo de trasladaron los guardias de seguridad Cayo Ropero y Juan Bermejo, que custodiaron el cadáver. Compareció también el Juzgado de guardia, que no puedo identificar el cadáver del ahogado por carecer de documentos y no ser conocido por ninguno de los que intervinieron en su extracción. Fué conducido por la Hermandad de la Sangre de Cristo al Depósito Judicial. / Es identificada la víctima / Por el Juzgado de Guardia se logró ayer identificar al ahogado aparecido en el Canal. Era la víctima Miguel G M, de 44 años, vecino de Alagón. Había desaparecido de su casa el sábado último, suponiendo sus familiares que se había suicidado. Encontró su cadáver Enrique García, guarda del Canal». (“La Voz de Aragón” 1931)

Ya no existen las enormes compuertas y el lugar ha sido ornado con jardines. Quienes visitamos el ingenio y su paraje no notamos ningún especial estremecimiento, ignorando las muchas veces que fue marco de tragedias relatadas en los papeles. En ésta, de 1934, es chocante que el ahogado conservase la boina puesta. Si se ha de morir que sea con honor.

«Un ahogado / El cadáver de un hombre en las compuertas de Casablanca / Ayer mañana, próximamente a las diez, en las compuertas del Canal Imperial, en Casablanca, apareció el cadáver de un hombre. El descubrimiento fué hecho por los guardas de la compuerta, los que se apresuraron a dar la noticia a Comisaría. Personados en el lugar del hecho comprobaron la existencia del cuerpo de un hombre muerto. La víctima representaba unos cuarenta años, regular de estatura, de fuerte complexión y cabello negro. Viste traje oscuro, rayado, camisa azul, boina y alpargatas negras. Se supone que el cadáver lleva varios días en el agua. El Juzgado se personó en Casablanca, ordenando el levantamiento del cadáver y su traslado al depósito». (“La Voz de Aragón” junio 1934)

Subiendo y bajando por las orillas y por el tiempo podría añadir muchos otros episodios, a cual más patético e indigerible. Todos malos encuentros entre los zaragozanos y las aguas de las que bebía y con las que se aseaba y regaba. Y aún riega. Una paradoja. Uno de los últimos ahogamientos fue en 1992, cuando un niño cayó desde la plataforma del puente, entonces sin barandado (y hoy creo que sin nombre), que cruzaba frente al que fue poblado de la Quinta Julieta, siendo necesario desaguar el cauce para hallar el cuerpo.

«Muere ahogado un niño en el Canal Imperial de Zaragoza tras caer desde un puente. Zaragoza Efe. El niño FPZ de catorce años se ahogó el sábado por la noche en el Canal Imperial de Aragón al caer de un puentecillo frente a la Almenara de San Antonio de Padua, en la zona conocida como Quinta Julieta, en Zaragoza, indicaron fuentes policiales. El muchacho, que no sabia nadar, se encontraba sobre un puente sin barandillas a unos dos metros de distancia de la superficie del agua cuando cayó por causas aún desconocidas y comenzó a gritar y chapotear. El propietario de un huerto cercano, José María Orna, al oír los gritos de auxilio salió corriendo y se lanzó al agua, pero sólo puedo salvar a uno de los amigos, que se había tirado para intentar rescatar a FP. Los buceadores del Cuerpo de Bomberos rastrearon el Canal, pero ante la dificultad de encontrar al niño debido a la capa de loco acumulada en el fondo, se procedió al vaciado del cauce abriendo las puertas de la almenara. Cuando el nivel de las aguas bajó unos dos metros se volvió a rastrear y sobre la medianoche apareció el cuerpo del muchacho en el centro del cauce, que mide unos cinco metros de profundidad y unos diez de ancho» (ABC. Lunes 18 de mayo de 1992)

Me he saltado un caso, muy particular por implicar a una de las sagas que más solemos citar en nuestro contexto fotográfico.

Adelantaré para aclaranos que Anselmo Coyne, fotógrafo de SSMM, fue el padre de Ignacio Coyne Lapetra, pionero de la exhibición cinematográfica en nuestra ciudad y creador del “cine parlante” de la calle San Miguel.

Ignacio tuvo a su vez tres hijos varones. Uno de ellos fue Manuel Coyne Buil, que es de quien más trabajos conocemos. Otro, menor, Fernando, con la guerra prefirió emigrar y establecerse en Narbona.

El que falta de los tres, el primogénito, había sido bautizado con el mismo nombre que su padre.

Un martes de agosto de 1924 —seguro que fue una mañana en extremo luminosa— el chaval en compañía de dos amigos fotógrafos se hallaba en las famosas esclusas de Casablanca, fotogénicas donde las haya y donde el agua alborotada se dejaría retratar con voluptuosidad femenina.

No se sabe cómo pero la corriente los arrastró, ahogándose Ignacio Coyne Buil y uno de sus amigos, ambos de 15 años de edad.

«A primeras horas de esta madrugada se dirigían a pescar por las orillas del canal Imperial los jóvenes Vicente A. de 15 años; Ignacio Coyne Buil, de 15 y Manuel G. de 16, los tres fotógrafos, y al llegar a Casablanca cayeron en las esclusas del canal. Perecieron ahogados los dos primeros. G. pudo salvarse agarrándose a una pértiga que un barrillero le tiró. El suceso ha producido penosa impresión». (ABC 13 agosto 1924)

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Fotografías:

Estudio Coyne. Archivo Histórico Provincial de Zaragoza.

Recortes prensa: Biblioteca Virtual Prensa Histórica.

Republicana es la Virgen, republicano soy yo

 

Tarari pilar 1935 (10)

Octubre de 1935, vísperas de fiestas. Haciendo números los zaragozanos son unos 180.000, tres son los puentes sobre el Ebro, dos las torres del Pilar y una sola la escalera mecánica.(*)

El alcalde es López de Gera. Lo será hasta que su partido pierda las elecciones cuatro meses después. Tras otros cuatro meses regresará al cargo con el golpe militar, pero renunciará al poco, no sin sufrir las consecuencias del desplante.

Por esos días, en un pleno ordinario del Consistorio, Don Mariano Gratal como presidente de la junta del distrito de Delicias exige la inversión en aceras para su barrio. Por su parte el concejal Sr Funes reitera su preocupación por el estado de San Juan de los Panetes, cuyo futuro se estaba dilucidando en la Junta Provincial de Monumentos. El mismo caballero pregunta sobre la posibilidad de remunicipalizar algunas de las líneas de tranvías. De modo parecido la Comisión de Propios (casas u otros bienes propiedad de la ciudad) pone sobre el tapete el abandono en el que se halla el “Rincón de Goya”, que inapreciado e incomprendido sufre a causa de su aislamiento actos vandálicos; cristales rotos y allanamientos.

Sin dejar ese pleno, el concejal Laguna Azorín, responsable de las actuaciones del Ensanche, muestra su preocupación por que la empresa “Acumuladores Tudor” viéndose perjudicada por la reordenación opte por abandonar la ciudad si desde el Ayuntamiento no se le favorece. Casetas se ofrece como alternativa. La casualidad, que es una señora con malísima leche, quiso que el día 2 del mes corriente parte de la fábrica, conocida como La Pilar, ardiese. Con eso y todo la empresa no se mudó hasta diez años más tarde.

Todo esto sucedía en Zaragoza en tanto Mussolini invadía Abisisina y en Alemania se aprobaban las psicopáticas Leyes de Nuremberg. En otro orden, más dicharachero, por esos mismos días a 7. 000 kilómetros de aquí, en concreto en San Louis, se estrenaba “Una noche en la ópera”, de los Hermanos Marx, la de los “dos huevos duros”. Pero ojo, que en España también se estrenaban películas; “La hija de Juan Simón”, con Angelillo; «Ella se murió de pena y yo, que la causa he “sío”, sé que murió siendo buena».

Pero además de la de Simón la República Española tenía otras penas. Siendo presidida por Alcalá Zamora fue justo en este octubre cuando estalló el escándalo del estraperlo, en el que no sólo estaba implicado hasta las ligas el expresidente Lerroux sino también buena parte del Partido Radical, que en este punto inició su desplome forzando unas nuevas elecciones.

Nada nuevo por tanto.

En Zaragoza las fiestas del Pilar abarcarían desde el viernes 11 al domingo 20. El cartel con el que en esta ocasión fueron anunciadas homenajeaba a los timbaleros de Ayuntamiento, siendo obra de Pérez Bailo.

En cuanto a “Tararí”, hablamos de una revista frívola, palabra muy de la época con la que el DRAE adjetiva lo “insustancial y veleidoso”. Sin ánimo de replicar a la Real, la carencia de sustancia de esta revista no impidió el que su publicación se prolongase a lo largo de seis años, lo cual es mucho. Impresa alternando tinta azul y negra la dirigía un oscense de Binéfar, León Vidaller Roy, gurú del periodismo gráfico de cuyo magín salió una revista de tirada semanal cargada de erotismo y a la vez ambigua en sus contenidos. Lo mismo ponderaba la representación de “El otro” de Unamuno que a Celia Gámez en “Las Leandras”. Aparte de eso promocionaba a una serie de artistas, quienes se suscribían a cambio de ser elogiados en sus páginas.

Si en los tiempos anteriores en la varietés abundaban las miradas picardiosas y los dobles sentidos —”Tengo un jardín en mi casa que es la mar de rebonito, pero no hay quien me lo riegue y lo tengo muy sequito”— los nuevos y republicanos tiempos reclamaban explicitud. El fotógrafo Mendoza, en nómina en la revista, fue uno de los primeros de España especializados en desnudos en prensa. Los tomados por él hoy resultan ingenuos, difusos, casi angelicales, pero entonces producían síncopes tanto por admiración como por repulsa.

.Tarari pilar 1935 (3)
Volviendo a las fiestas, el ejemplar de “Tarari” dedicado a Zaragoza (a la venta sólo aquí) abría con una portada de Millán hecha a partir de una foto en la que aparece Pilarín Blanco, en la cumbre de su carrera y notable vocalista tanto del cabaret Lido de Madrid como del Excelsior de Barcelona. En su primera página la revista nos presenta a sus artifices, todos zaragozanos; Sala Velilla como redactor y los citados Millán y Pérez Bailo como ilustradores, siendo el fotógrafo Manuel Coyne.

Un poco más adelante Miguel de Molina se anuncia como estrella del Royal Concert. También en ese local actuará Fina Toven; rubia, castiza, flapper, hawaiana… Lo que hiciese falta. Es fotografiada por Coyne, quien a su vez retrata una a una al resto de las artistas del cabaret, habiéndolas modosas, poco modosas e inmodestas al 100%. Serán ellas quienes animarán el escenario del hoy Oasis, en la calle Boggiero. Lo cierto es que tras la guerra Coyne se las verá con otro tipo de modelos menos sugerentes.

El montaje con el que Guillermo felicita a la ciudad por sus fiestas conjunta a una estilosa señorita sin prenda alguna con símbolos tan patrios como la Puerta del Carmen y el Pilar. Sobre tamaña osadía Pérez Bailo procurará echar tierra en los años posteriores, cuando a fin de sobrevivir “baturrice” sus siempre bellos carteles. Pero no dista mucho la página en la que aparece por fin una imagen esperada, tópica y sin pecado concebida, la de unos baturros con el Pilar como telón, que no podía faltar hablándose de estas fechas. Mas ni por esas. El dúo jotero lo componen dos mujeres. Desconozco si la hermana travestida tañe en serio la bandurria. Nada importante porque las hermanas Iberia abarcaban muchos estilos, desde la jota al baile acrobático.

En la sección de publicidad es curioso comprobar que Sardaña, comercio que quien pase de los +40 ha llegado a conocer, se anunciaba en la calle de la Roda, que no sería bautizada como de Santa Isabel hasta la posguerra. Coyne atiende en Cinco de Marzo. Y en Independencia el “salón Doree” promete distinción. Se publicita igualmente la zapatería Casanova, en el Coso. Cinco años antes su fundador, Mariano Casanova, se había ahogado al caer con su coche en el molino de San Carlos, en Casablanca, turbio asunto que en su día intenté relatar aquí.

Mientras, el “Dancing La Jota”, en la calle San Lorenzo nº 8, ofrece los servicios de 30 bailarinas de “alquiler”, o así lo entiendo. El “dancing” debería por ende contar con un amplio salón, pero compruebo por un plano que se trataba de un edificio peqeño situado en el vértice del ángulo formado por la calle, entrando desde la plaza Nolasco.

Por lo demás nadie imaginaba lo efímero de aquel universo.

El Doré al poco dejó de ser Doré para ser Dorado y de viejo sufrir la humillación de verse convertido bingo. En cuanto al resto, ya en aquellos tiempos la Empresa Parra gestionaba el teatro Parisiana, mutado primero en el Argensola y finalmente en un pasaje, el Cinema Goya, al que dejamos morir a cambio de un B2 de inglés, y el cine Alhambra, que suplantado por el Avenida fue al cabo devorado por un caracol, molusco descomunal que acabó también con el cine Actualidades. Me dejo el Frontón Cinema, con más vidas que un gato. Uno sobre hielo.

No mucho después de esta edición dedicada a Zaragoza la revista dejó de ser semanal para convertirse en un álbum mensual. Después vino lo que vino. Si bien en un principio, y por aquello de la evasión, la guerra atrajo público a las varietés, en lo sucesivo en la media España franquista el glamour sería considerado inmoral, y en la otra media sospechoso, por su vinculación con la burguesía. Con la crápula al menos.

Así que como tantas otras cosas “Tararí” murió en 1936. Pasada la guerra la mayoría de los artistas en ella anunciados disimularon su frivolidad reconvirtiéndose en falangistas o folclóricos. Que venía a ser lo mismo. Miguel de Molina huyó de España después de haber sido apaleado por unos menos hombres que él. No sé cómo se las apañó el “libertino” redactor Sala Velilla para llegar a teniente coronel. Coyne y Bailo, tal y como he contado, hubieron de someterse a la estética del bando ganador. La Empresa Parra se enseñoreó del ocio zaragozano sala a sala. Fina Toven (Josefina Beneyto) al menos prosperó. Casada con un empresario teatral asiduo al Argensola fue madre de la vedette Carmen Riera. En cambio las hermanas Iberia desaparecieron del candelero para siempre. Del candelabro también. De León Vidaller nunca más se supo.

Los pilares de 1936 fueron algo distintos.

Tarari pilar 1935 (8)

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https://blocdeunzaragocentrico.wordpress.com/2018/05/14/por-efecto-de-un-rapido-viraje/

http://lacasadelartista.org

Escándalos políticos en España. (Nigel Towson).

BNE. Hemeroteca Digital.

BVPH. “La Voz de Aragón”.

(*) En realidad Sepu no abrió hasta el año siguiente, pero supongo que la escalera estaría instalada con antelación a la apertura.